20 febrero 2017

Sobre pensamiento visual y docencia de español (2)

Seguimos reflexionando sobre pensamiento visual y compartiendo ideas para el aula. Ya en otras ocasiones he escrito sobre un aspecto que me interesa especialmente y en el que hago mucho énfasis en mis talleres de formación de profesores: el uso de la pizarra y, en el marco de las reflexiones que venimos haciendo en las últimas entradas, creo que encaja a la perfección puesto que es el soporte más habitual en el que los profesores pueden desarrollar sus ideas y presentarlas visualmente.


Colores
Es importante definir una serie de códigos fáciles de entender por el alumno para que, por una parte, sigan la explicación y para que, por otro lado, los implementen en su método de estudio y de plantación del propio pensamiento visual. En mi caso, los colores cumplen una función muy importante como es el caso del código de colores que utilizo para presentar los adverbios de lugar y los demostrativos.




Los colores son un instrumento muy claro que permite establecer relaciones muy directas. Veamos algunas ideas:

  • En el caso de la explicación de los demostrativos, hemos utilizado el mismo color para hacer ver cómo podemos presentar la misma información de dos formas diferentes: bien sea con una oración relativa (que está aquí, que está ahí, que está allí), bien con un demostrativo (esta, esa, aquella). De este modo, dotamos de significado a los exponentes gramaticales.
  • Cuando presentamos la sustitución de los complementos directos e indirectos por pronombres, es muy útil identificar cada uno con un color -el CD en azul, el CI en verde, por ejemplo- y, posteriormente, al sustituirlos, volvemos a usar los mismos colores para los pronombres de CD y de CI.
  • Los colores tienen unos significados adquiridos culturalmente. El uso de verde para lo correcto y el rojo para lo incorrecto. Es interesante mantener esos significados para no confundir a los alumnos. Al mismo tiempo, es recomendable mantener siempre un color para los ejemplos, la alternancia de colores cuando presentamos un diálogo y queremos diferenciar las intervenciones de los interlocutores, etc.


Códigos compartidos: flechas, bocadillos, iconos, equis, espirales...
Afirma Alejandro Castañeda, en uno de los artículos de referencia sobre gramática cognitiva que "en la lengua se reconocen exclusivamente relaciones simbólicas, asociaciones convencionales entre significantes y significados. Toda forma (léxica, morfológica o sintáctica) está asociada a algún significado, que, a su vez, adopta la condición de estructura conceptual, más o menos compleja o más o menos abstracta. En la mayoría de los casos, además, se reconoce la dimensión representacional básica de muchos signos lingüísticos, lo cual permite otorgar a los recursos lingüísticos un valor simbólico especialmente fácil de asimilar, de aprehender y de integrar con otras formas de representación".

En este aspecto pensamos que gramática cognitiva y pensamiento visual van de la mano, se apoyan la una en el otro para ayudar al alumno a la aprehensión y asimilación de conceptos. Las líneas temporales en la que a la izquierda está el pasado, en el centro el presente y a la derecha el futuro; el uso de flechas para indicar la secuencia de acciones, la anterioridad y la posterioridad; las espirales para marcar frecuencia; los bocadillos de texto para pasar de estilo directo a indirecto; cualquier otra otra imagen representativa de un concepto o una idea que usamos los profesores por intuición en muchos casos, son clara muestra de la utilidad y la universalidad de lo que venimos defendiendo.






Atención al fin y al proceso
A diferencia de cuando realizamos mapas visuales en papel (que tenemos tiempo para experimentar, realizar bocetos a lápiz que luego validaremos o descartaremos, pasaremos a tinta, colorearemos y compartiremos), el uso de la pizarra tiene dos particularidades que debemos tener en cuenta. Veamos cuáles son:





Interdisciplinariedad
Otro de los recursos que podemos utilizar es ir a otras disciplinas que tengan códigos definidos (o imágenes, representaciones, dibujos, grafías... lo que sea que tenga un significado claro) y llevarlas a nuestras aulas, a nuestras pizarras, a nuestros mapas visuales. Por ejemplo, para hacer ver a mis alumnos la sencillez de uso del pretérito perfecto de subjuntivo, suelo recurrir a la idea matemática de la intersección de dos conjuntos. El conjunto A responde a la pregunta "¿Cuándo usamos el modo subjuntivo?", mientras que el conjunto B cuestiona "¿En qué contexto temporal usamos el pretérito perfecto (de indicativo, se entiende)?", de modo que el conjunto intersección resultante tiene los elementos de ambos conjuntos.



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