09 mayo 2017

No te entiendo. 10 frases que se prestan a malentendidos culturales

Estoy convencido de que la mayoría de los malentendidos que sufren nuestros alumnos no se deben tanto a cuestiones lingüísticas (un tiempo verbal mal usado, una preposición incorrecta, una pronunciación poco clara...) sino a aspectos relacionados con los hábitos sociales y culturales del país donde viven, trabajan, estudian o realizan su experiencia de inmersión.

En esta línea de reflexión, he seleccionado diez frases que, si bien lingüísticamente no implican ninguna dificultad en su mayoría, sí que contienen un fuerte componente sociocultural cuyo conocimiento se antoja clave para evitar malentendidos.


Quedamos después de comer Cuando pregunto en clase a los alumnos si entienden la frase, suelo recibir un rotundo sí que se torna en dudas --cuando no directamente en una catástrofe cultural-- cuando les pido que me digan qué hora es para ellos después de comer. ¿La una y media?, ¿las dos?, ¿acaso las dos y media? La imagen mental que nos hacemos los españoles de después de comer no tiene nada que ver con la que tienen los extranjeros. Ni la hora de comer es la misma ni después de comer significa inmediatamente tras la comida. 


Te lo mando a mediodía Pues no, por paradójico que parezca, el mediodía no es el mediodía, es decir, nuestro mediodía no son las doce sino la hora de comer. Si, como en el ejemplo, alguien nos promete enviarnos unas fotos a mediodía, no es necesario que consultemos el correo electrónico a partir de las doce, mejor échale un ojo a tu buzón de entrada a partir de las dos.


Ahora te llamo Este es uno de mis favoritos. ¿Te has parado a pensar (sí, te digo a ti, españolito) cuántas veces usamos ahora y no queremos decir ahora sino luego o más tarde o ya veremos cuando? Lo que sí es verdad es que cuando usamos ahora nos estamos comprometiendo a hacerlo, a no olvidarnos, a tenerlo presente...


¿Comemos o tapeamos? Pero, ¿acaso tapear no es comer? Lo que verdaderamente encierra la diferencia entre comer y tapear es la forma de hacerlo. Es cierto que podemos tomar una tapa antes de ir a comer pero también lo es que podemos sustituir el primero, segundo y postre sentados a la mesa --comer-- por disfrutar de una de rusa aquí, un pincho de langostinos allí y unas bravas en este otro bar --tapear-- y, incluso, que podemos picar algo mientras vemos el fútbol en casa... y ya no ceno.


Póngame la mitad del cuarto En España (ni al dar una receta a la vecina ni al comprar en la pescadería) solemos usar la exactitud de los gramos, práctica habitual en otros países. Dejando a un lado el poquito, la pizca, el chorreón, las dos cucharadas soperas, etc. solemos usar --¡sobre todo nuestras madres!-- expresiones como cuarto y mitad, la mitad del cuarto, tres cuartos de kilo o kilo y medio al pedir la carne o los embutidos al dependiente.


Pues yo me voy a ir yendo ¡Tres veces el verbo ir! Si esta frase fuera un plato de un restaurante con tres estrellas Michelin se llamaría "Verbo ir en tres texturas". Para entendernos, es un aviso, un anuncio... de que está llegando la hora de recoger, la hora de volver a casa, la hora de dejar una grata compañía o una maratoniana jornada laboral. No es que me vaya a ir ya, ya (otra maravillosa expresión: ya, ya... esto sí que es inmediato y no el ahora que comentábamos arriba) sino que voy a empezar a recoger.


Vuelvo en 5 minutos Pues claro que no son cinco minutos de sesenta segundos; es, más bien, un rato. Una forma de decir que la tienda ya está abierta pero he tenido que ausentarme un momento. Que vuelvo, ¿eh? Mejor pásate en media hora para estar seguro.


Voy a celebrar mi cumpleaños con una merienda en casa ¿Con una qué? ¿Y eso qué es? ¿Y qué se come? ¿Y a qué hora? ¿Hay que llevar algo? La merienda, esa gran desconocida... bueno, sí y no. Más bien sería incomprendida. A mis alumnos les encanta el chocolate con churros: muchos piensan que es un postre... ¡no!, es un desayuno o una merienda, precisamente. ¡Y qué decir de la merienda-cena! Pues, como dijo alguna vez alguien: es como un brunch pero por la tarde. Pues eso.


Me voy a la biblioteca un rato Superado el primer escollo por parte de los alumnos (la confusión entre rato y rata o ratón), el problema es peor: ¿cuánto dura un rato? Según el diccionario de la Real Academia Española, un rato es un 'espacio de tiempo, especialmente cuando es corto'. Vale, ¿pero cómo de corto? Es una cantidad de tiempo indeterminada, cierto es que no muy extensa, que varía en función de la actividad. No es lo mismo decir que me voy a la biblioteca un rato o que voy a echarme un rato la siesta.


Mis hermanos y yo trabajamos juntos "El burro delante, para que no se espante" suelen recriminar padres y profesores a los niños que dicen "Yo y mi hermana nos queremos mucho". Si bien no hay malentendido en el uso antepuesto o pospuesto del pronombre personal de primera persona, sí que al nativo le rechinará escucharlo y, en muchos casos, lo asociará a mala educación.